El presidente de la FIFA busca mercantilizar el deporte rey con un plan multimillonario que fragmenta el control tradicional, desatando la furia de la UEFA y abriendo un nuevo escenario financiero global en 2026.
El panorama del fútbol internacional se sacude tras revelarse los ambiciosos planes del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quien contempla la privatización de los torneos globales más importantes del planeta.
Este modelo financiero cuenta con el respaldo estratégico del equipo de Donald Trump y gigantes financieros como J.P. Morgan, permitiendo una inyección de capital masiva y la comercialización a gran escala de acciones.
Bajo esta nueva sociedad mercantil, las proyecciones indican que Infantino percibiría ingresos anuales de hasta 64 millones de dólares, multiplicando por diez su sueldo actual, consolidando un emporio comercial que absorbería el Mundial de Clubes, el Mundial de selecciones y las categorías juveniles y femeninas.
La alianza entre la cúpula de la FIFA y figuras políticas y empresariales de Estados Unidos ejemplificada en la cercanía institucional con Donald Trump y su entorno, incluyendo a Jared Kushner ha redefinido las alianzas de poder en el deporte.
Sin embargo, esta maniobra expansionista choca frontalmente con los intereses de la UEFA. Su máximo dirigente, Aleksander Čeferin, ha manifestado una férrea oposición, advirtiendo que "no hay que comercializar con el alma del fútbol", marcando un pulso histórico entre el organismo europeo y la nueva estructura de la FIFA de cara a los próximos eventos globales de 2026.
El conflicto de intereses corporativos y deportivos trasciende las fronteras europeas y americanas, reconfigurando la gobernanza del deporte más popular del mundo hacia un modelo de negocio intensivo donde los tiempos de espera tradicionales entre mundiales se reducen drásticamente bajo la promesa de una expansión comercial permanente.
Fuente: Mediaset Infinity.

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