fue escenario de una escena tan insólita como
desconcertante; mientras unos despedían a un ser querido entre lágrimas y
rezos, otro parecía vivir su propio espectáculo, armado, con casa por cárcel y
muerto de risa, literalmente.
El hecho ocurrió
en el sector de La Popa, durante las exequias de una persona. En medio del
silencio solemne del sepelio, Fabián Bandera, quien gozaba del beneficio de
detención domiciliaria, asistía al entierro con un arma de fuego en la cintura
y una actitud más cercana a una parranda que a un acto fúnebre.
Su presencia pasó
desapercibida hasta que un asistente, más atento que el resto, notó algo fuera
de lugar y decidió llamar al 123. Minutos después, la Policía llegó al sitio,
realizó la requisa y confirmó que el sujeto no solo estaba violando una medida
judicial, sino que además portaba un arma ilegal.
Pero lo más
llamativo ocurrió tras la captura. Lejos de mostrar arrepentimiento,
resistencia o nerviosismo, Bandera reaccionó con una carcajada estruendosa, una
risa tan contagiosa que terminó arrancando sonrisas incluso entre los
uniformados que lo esposaban. La escena no tardó en hacerse viral en redes
sociales.
El capturado
ahora deberá responder por porte ilegal de armas y fuga de presos, cargos que
se suman a su historial judicial. Cabe recordar que ya había sido capturado el
6 de abril de 2025, y pese a ello, volvió a delinquir.
En Valledupar, el
episodio ha dejado una mezcla de asombro, indignación y humor involuntario,
confirmando que, incluso en los momentos más solemnes, nunca falta quien
convierta la realidad en un espectáculo digno de comedia, aunque con
consecuencias muy serias ante la ley.
