El mundo del deporte y las organizaciones de derechos
humanos están de luto tras confirmarse la ejecución de Saleh Mohammadi, un
destacado luchador de apenas 19 años. Mohammadi fue ahorcado públicamente en la
ciudad de Qom, acusado de participar en las protestas que han sacudido al país
desde finales de 2025. Su muerte se suma a la de otros dos jóvenes, Mehdi
Ghasemi y Saeed Davoudi, ejecutados bajo cargos similares.
Un juicio marcado por denuncias de tortura
Saleh Mohammadi, quien obtuvo una medalla de bronce
internacional en 2024, fue detenido en enero de 2026. Según la agencia de
noticias Mizan, vinculada al Poder Judicial iraní, el atleta fue declarado
culpable de "moharebeh" (enemistad contra Dios) y del presunto asesinato
de un agente de seguridad durante los disturbios.
Sin embargo, organismos como Amnistía Internacional y Iran
Human Rights denunciaron que el proceso judicial careció de garantías básicas:
Confesiones forzadas: El propio Mohammadi declaró ante el tribunal
que fue sometido a torturas físicas para declararse culpable.
Falta de pruebas: Testigos y grabaciones de cámaras de
seguridad que supuestamente lo exculpaban no fueron admitidos durante el
juicio.
Ejecución pública: El régimen llevó a cabo la sentencia en
presencia de un grupo de personas, una medida que activistas califican como un
intento de "sembrar terror" en la población civil.
El deporte como blanco de represión
Este caso ha reabierto las heridas de la ejecución de Navid
Afkari en 2020, otro luchador que se convirtió en símbolo de la resistencia.
Analistas internacionales sugieren que el gobierno de Irán está utilizando a
atletas de alto perfil para enviar un mensaje contundente contra la disidencia
política en un momento de extrema fragilidad para el régimen.
"La ejecución de Saleh es un asesinato político
flagrante. Atacan a los atletas porque son figuras inspiradoras para la
juventud", declaró un portavoz de la organización de derechos humanos
Hengaw.
Reacción de la comunidad internacional
